17/1/10

Cómo detenerte

Detesto cuando llegas sigilosa pero impostergable,
haciéndote llamar madre, padre, abuelo
vistiendo tu traje blanco
disfrazada de ángel,
ángel de hielo,
que hace confundir el futuro con recuerdos
bah!...ni siquiera tan cuerdos.

Detesto saberte en camino
y luego verte ahí
robándote el oxígeno en cada respiro,
tiñendo la vida de azul
y las manos de frío,
dejando los ojos
cada vez más opacos,
más chicos.

Si bien ya deberíamos estar habituados a tus visitas,
también es cierto que, algunas veces, te falta estilo.

26/10/09

La sonrisa del poeta

De arcilla era la mujer...


En su diario caminar no hay rosas rojas ni blancas gardenias,
la vida se desdobla, deja de ser lo que aparenta,
revuelve sonidos, colores, esencias,
la pupila se dilata,
el corazón se ensancha,
la palabra tridimensional es escasa, nefasta.
Dame más, dame más, dice el poeta.
Déjame escuchar a los ladrillos cantar,
arrastrarme por el cabalgar de tus latidos en aumento.
Déjame tirar las ropas de tus pensamientos,
escuchar los pregones tu pecho
abierto, puro, gallardo,
dispuesto a matar dragones, lanza en mano
para luego perderse entre castillos inventados.

En su diario caminar, no hay rosas rojas, ni blancas gardenias
“Violetas agradables se impregnan en sus piernas” escucha,
y sus labios se alegran y se rinden,

sin más,

sin lucha.

Natalie Gamero

13/10/09

Intangible

Silencio blanco, oscuro,
instante vivo entre muertos y esperados
tu existencia, un pálpito,
deja rachas de vientos rezagados
con ganas de soplar,
otro hálito,
tan sólo una vez más.

Poco dura el esplendor
si más cuenta su color
que su legado.

Natalie Gamero

7/10/09

Mercedes Sosa



Te vas Mercedes y nuestros corazones sollozan...los corazones de aquellos a quienes nos ha unido voz, tu corazón, tu pasión y tu legado. Gracias, Negrita. Siempre estarás con nosotros.


DÉCIMAS PARA MERCEDES de Jorge Drexler

Duerme, duerme, Negrita,
que tu voz está en el campo,
en la ciudad, en el canto
rodado de aquel arroyo,
en la almohada en la que apoyo
mi cabeza desvelada,
en mi vaso, en la enramada
y en las radios de los coches.
Tu voz la guarda la noche
muy, pero muy bien guardada.

2/10/09

Volvamos a ser Nosotros

En estos días muchos debaten
si ser venezolano es esto o es aquello,
si es irse o quedarse,
ser rojo rojito o azul azulito,
ser escuálido o revolucionario...
Hermanos, yo les digo,
estoy cansada de tanto título.
¿No podemos ser moraditos?

Simón me canta al oído
y veo a Mercedes en las orillas del río..
y se me paran los pelos, se me agitan los sentidos.
La vaca Mariposa, Garcita me dice el tío,
y es ese estremecimiento lo único verdadero,
ese llano que nos penetra aunque no lo hallamos visto,
ese Ávila que nos cuida, aún cuando estamos lejos,
esa gaita que esperamos mucho antes que nazca El Niño.

Entonces, no me pongan más títulos,
no me categoricen, no me juzguen, no me tilden,
tampoco me analicen.
Fuera de la autocrítica,
de la baja autoestima nacional,
de nuestra identidad fracturada,
para mí ser venezolana es esto,
es serlo porque así lo siento,
porque de eso me enorgullezco,
de lo bueno, que es mucho más que lo malo, me enorgullezco.

Mañana, cuando todo pase,
porque todo pasa,
dejaremos de ser malos, dejaremos de ser buenos
y seguiremos siendo, antes que todo, venezolanos.
Que sea pronto, sólo espero,
que volvamos a ser Nosotros para dejar de ser éstos
...o aquellos.

Natalie Gamero

30/7/09

Corazón y cuerdas

Mi corazón vibra,
como vibran tus cuerdas,
cuando cantas tu vida
en cada una de tus voces,
cuando cantas tu historia,
tu alegría, tus dolores.

Mi corazón late,
como laten tus cuerdas,
cuando tu amante las mira y,
al posar sus dedos sobre ellas,
las invita a bailar
al ritmo de su roce.

Mi corazón llora,
como lloran tus cuerdas,
cuando la tristeza entonas
al salir la luna y...
se despechan las estrellas,
una a una.

Mi corazón aprende,
cuatro,
mi corazón recorre,
vive, siente
la costa, la llanura, la cordillera,
la sangre blanca aliada con la negra,
mi corazón se abre,
se ensancha alegre
cuando late al ritmo de tus cuerdas.

Natalie Gamero

12/7/09

La Palabra - Pablo Neruda

"Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras."

En Confieso que he vivido, RBA Editores, S.A., 1994, Barcelona, España. Páginas 65 y 66, capítulo 2.

Naturaleza madre

Iba corriendo solo por la carretera, uniformado de miedo, cuando un buen hombre se detuvo, ofreció llevarlo en su camioncito de frutas y ¡venga pa’rriba, muchacho! Gabo tuvo la suerte de encontrar, pronto, quien lo alejara del internado. La noche le había servido de cómplice y logró huir sin despertar a nadie, pero aún podían alcanzarlo. Ya en marcha, don José le preguntó si estaba en peligro, pero el muchacho dijo poco, que por favor lo llevara hasta donde pudiese y que no se preocupara. Cuando sintió que el vehículo finalmente se alejaba de aquel lugar, Gabo soltó sobre el asiento el cuaderno que traía abierto en alguna página, se giró hacia la ventana y, cual cachorro, apoyó el mentón casi lampiño sobre sus brazos mientras la brisa, aliento a monte fresco, secaba la sal que le chorreaba la cara. Camino abajo por la montaña, lloraba en silencio todo aquel indeseado equipaje: lecciones para matar, golpes para ser machos, amenazas para cumplir y callar, juramentos para servir a la revolución y la diaria y punzante consigna: Patria… o Muerte.
El señor ofreció llevarlo hasta su casa pero, no, allí no podría regresar. Era mejor que lo dejara en cualquier otro sitio. Papá, con sólo verme, me enviaría derechito de regreso a la escuela militar, «pa’ que se te quite la mariquera y dejes de estar pintando dibujitos, carajo.» Para él, ser “machito” es tener la cabeza rapada, saber manejar una pistola y menospreciar a las mujeres. No sé cómo mi mamá lo soporta. La pobre, siempre termina peleando con él por defenderme, por tratar de explicarle que simplemente soy artista, no gay. Pero él no entiende nada, ni de una cosa ni de la otra.
Al ver al muchacho tan pensativo, el viejito dio un poco de volumen al radio y, ¡ahhh…!, se colaba entre las ondas arenosas la voz de Alfredo Sadel y su Desesperanza. Lo mismo que escucha mi mamá, pensó Gabo, ésa sí tiene gusto. Sólo faltaba que papá estuviera de viaje para pasar los días tranquilos, escuchando buena música, la de los abuelos, y los fines de semana ir juntos al museo de arte a ver las obras de los grandes maestros. El día que me compró mi primer bloc y carboncillo la retraté perfecta, acostada en la hamaca del patio. Recuerdo como un suave rayo de luz, colado entre las matas, le descubría el rostro… el carboncillo casi se me acaba tratando de calcar la sabiduría guardada en esos ojos tan negros, tan redondos, tan profundos.
Don José continuaba manejando, haciéndole coro a Sadel mientras, de curva en curva, le echaba un ojo al cuaderno sin que el muchacho se diera cuenta.
Pero papá, siempre con sus ganas de convertirme en soldadito, dio y dio hasta que, al fin, logró su sueño y me mandó a esta pesadilla. Sí, fue el día que me puse el zarcillo, cuando entró a mi cuarto y me encontró sentado en el piso, dibujando y manchado de negro hasta la nariz. Tan pronto vio el metal brillar en mi oreja, le entró un ataque de histeria y explotó: «Yo no voy a dejar que tu mamá te siga alcahueteando, carajito. Hoy mismo te me cortas ese pelo, te quitas el zarcillo y te preparas porque te vas para el liceo militar. ¡Se acabó la mariquera en esta casa, Gabriel!» Mamá lloró y pataleó, pero no sirvió de nada. Ya era hora de que su hijo se convirtiera en hombrecito y se fuera a servirle al Comandante, en lugar de andar perdiendo el tiempo en cosas de mujeres.
La ciudad los recibía aún llena de luces, la gente madrugaba para ir a trabajar y los niños, pegaditos a sus madres, esperaban el autobús escolar en las puertas de los edificios.
—Bueno, hijo, ya estamos llegando. Te dejaré en la plaza.
—Sí, allí está bien, señor. Gracias.
Al llegar, don José detuvo el camión, se giró y le pasó la mano por la cabeza mirándolo a los ojos. Gabo, con una sonrisa triste, le dio las gracias nuevamente y abrió la puerta. Antes de que se bajara, el señor lo llamó y le dijo:
—Hijo, no olvides tu cuaderno. Nunca olvides tu cuaderno.
El muchacho deambuló un par de días por la ciudad hasta que no pudo más y fue a refugiarse a casa de sus abuelos. Ellos entenderían. Del internado, no habían tardado en reportar su desaparición. Finalmente, la madre, al enterarse de que su hijo estaba vivo, abrió tras un gran suspiro sus negros y profundos ojos y, con inusitadas fuerzas, se hizo cargo del cachorro y de la fiera.

Madre la tierra que siembra en
sus hijos el futuro del hombre.

http://www.youtube.com/watch?v=j-Zivssd5Ng

Natalie Gamero

Reflexiones de Domingo Sarmiento

"Escribid con amor, con corazón, lo que os alcance, lo que os antoje. Que eso será bueno en el fondo, aunque la forma sea incorrecta; será apasionado, aunque a veces sea inexacto; agradará al lector, aunque rabie Garcilaso; no se parecerá a lo de nadie; pero; bueno o malo, será vuestro, nadie os lo disputará; entonces habrá prosa, habrá poesía, habrá defectos, habrá belleza."

9/7/09

Meta errante

A segundos del instante en que se humaniza el hombre
Viene aquél con sus misiles
y otros cuantos matones
y veo como se aleja
aquella esquina, la vuelta
el cambio de rumbo
el giro del planeta

Y nos borran la meta
con imberbes insultos
como si en lugar de líderes
fueran simples insulsos
incapaces de ver más allá de sus narices
incapaces del diálogo
incapaces del mundo

Entonces no invierten en pan
no quieren ser nobles
no invierten en aulas
para la consciencia del hombre
y yo me pregunto
cómo han llegado tan lejos
cómo duermen por las noches
…esos pendejos

Cada uno a su antojo
se tira al mundo en su coche
y manejan por mil rumbos
oeste, sur, este, norte
como carritos chocones al asecho
no me importa lo que digas
porque yo soy más arrecho

18/6/09

Mochima




En las aguas plateadas de Mochima,

en las horas previas al ocaso,

los cerros náufragos descansan

como espaldas de dinosaurios jugando a las escondidas.

18/5/09

Hasta la vista, don Mario

















DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Mario Benedetti (14 de septiembre de 1920 - 17 de mayo de 2009)

"Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría."

17/4/09

Arrullo Criollo

Inspirado en piezas como esta:
http://www.youtube.com/watch?v=IelKiiKbUWM

Cuando cierras los ojos y te arrulla un vals
al coro manso del cuatro y su mandolina,
lo mundano desvanece, dejando quizás
un par de palmeras al azar del viento
en el silencio más profundo de tu alma.

Hoy

Hoy mi sueño comienza cuando despierto,
cuando subo la mirada y allí, erguido, te encuentro
regalándome tus ojos, tus momentos,
la esencia de tus palabras, la ávida tinta de tus cuentos.

Hoy despierto para vivir y exprimir este momento,
el sueño de ayer y de mañana el recuerdo,
para enumerar tus quieros y, entre tus brazos,
tus besos sentir con el amor hinchado y entrelazados los dedos.

Hoy, por ti, derribo los muros del tiempo
y no esperaré hasta mañana para decir que te quiero
y retoñan los te amos, las ilusiones, los versos
con la primavera de otoño, con el verano de invierno.

Hoy río feliz porque sólo las horas cuento
para que esto sea verdad, nuevamente, y en tu pecho
sentir que tu amor me habla y hace del mio su eco,
olvidando su mañana, habitando su recuerdo.

16/4/09

Reducirnos a amigos

Reducirnos a amigos es esto:
Es dejar de escribir una historia para escribir un fragmento;
es convertir el futuro en pretérito imperfecto;
es reducir las caricias a saludos cordiales,
los besos a cuestión de dialecto;
es ver como el amor deja de ser argumento.

Reducirnos a amigos es extinguir nuestro incendio,
poniendo en su lugar un par de velas al viento;
es soltarnos las manos, resignarnos al recuerdo;
es enterrar los elefantes, los dibujos, los cuentos;
es olvidar que la remolacha sabe a lluvia y el aguacate a cielo.

Reducirnos a amigos, sin ninguna otra ambición, es suspirar sin anhelo.

Fears

Fear to lose control. Fear to lose yourself. Fear to be misunderstood. I step, I walk, I move. In this ancient art of living I find my bones shivering, in this restless scenery where nothing moves, yet nothing stops. What do you fear? Do you fear the beast called love? Do you fear an empty apartment? Do you fear the all-mighty God? Do you fear the day after, the endless light or the blood-colored blaster? Come clean, come on. Fears are the strings that move our wooden arms, our wooden legs, having us all jumping here and there like a marching band of rabbits. How would you like to know that those strings are imaginary? What would you do if I cut you loose and set you free? Would you feel happy? What would you do? Would you remain standing? or would you collapse? Or would you then fear than you have no fears at last?

Relativo

Cómo demostrar que todo es relativo
Que lo que a mi me da calor, a ti frío
Que un niño es feliz en el campo
Y otro lo es en su castillo

Suena obvio, hasta sobreentendido
Pero debería estar escrito
Tallado en piedra, o en mármol fino
Donde no pueda ser borrado
Por el tiempo ni el destino

Porque basta ya de juzgar
No es tratar de entender sino de respetar
Lo que piensa cada quien
Pues cada quien tiene su Verdad

Así todos tendríamos nuestro espacio
Libertad de sentir y de estar vivos
Y entenderíamos que luchar no tiene caso
Porque en nuestra mente y corazón todo es relativo

Escúchame (carta de un árbol)

Dices que no hablo, pero sí. Escucha en el marrón prematuro de mis hojas mi tristeza, mi sed,en su verde mi alegría, en las estrías de mi tronco los consejos de mis años y humilde sabiduría; pregúntate por qué sigo aquí todavía, pues mi simple ausencia susurraría a tu oído mi preocupación por ti, por eso con lo que mi tierra cubran, por aquello que de mi cuerpo y sangre saquen a cambio de monedas o poder. Entonces, piensa si no te hablo, no sientas lástima de mí. Dime si ahora no me escuchas sonreír cuando corres sudoroso quemándote los pies y llegas a recostarte a mi lado buscando un poco de aliento, fruto o paz para tu ser.

25/3/09

El pequeño explorador (cuento)

Tentado por las ganas de emprender una nueva expedición, Jonás daba vueltas y vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Su último viaje le había dejado grandes experiencias. Sabía que su mamá se molestaría si lo encontraba de nuevo despierto, pero no aguantó y se levantó. Entre tropezones, luchó contra la oscuridad hasta llegar al otro lado del cuarto; encendió una pequeña vela y se dirigió hacia la ventana. A su paso, la tibia claridad daba vida a los armoniosos colores que adornaban su guarida. Leones, dinosaurios, osos, cocodrilos y decenas de animales lo acompañaban noche a noche en sus emocionantes jornadas. En ese instante, una nueva aventura tocaba las puertas de su imaginación. Agitado por la emoción, Jonás tomó su frazada favorita y se sentó en la ventana con los piecitos colgando en el aire. Allí, bajo el brillo mágico de las estrellas, se zambulló impaciente en su tan anhelada aventura.

Inmerso en el espacio y el tiempo, llegó a lo que parecía un sembradío. Atravesando las matas de caña pálidamente alumbradas por la luna, logró divisar a lo lejos un pequeño caserío. Atrevido, rompiendo el silencio ensordecedor de la noche, llegó de pronto el eco de un tambor valiente que, repique tras repique, lo atraía inevitablemente en su dirección. Así, a paso apurado y sigiloso, se fue aproximando hasta que llegó desapercibido y, escondido detrás de un árbol, se sentó embelezado a ver aquello que estaba pasando. Allí, en medio de una hacienda de tiempos coloniales, se encontraba una docena de hombres morenos, de calza blanca y descamisados que, formando una rueda, aplaudían y cantaban animantes tonadas. Mientras uno tocaba el tambor que tanto lo había atraído, otros tres tocaban con varitas de madera unos instrumentos que parecían arcos sin flecha. En el centro de la rueda, otros dos se enfrentaban. Con agilidad y carácter, balanceaban sus cuerpos sudorosos al ritmo aborigen de la música, atacando inesperadamente a su adversario con movimientos de aquello que más que una danza, parecía una lucha. ¡Jonás estaba fascinado! Temía por la vida de aquellos hombres que giraban patadas tan rápidas que, de no ser esquivadas, podrían causarle hasta la muerte a su contrario. Sin embargo, la pícara sonrisa en sus caras y la energía de los cantos le transmitían a Jonás cierta tranquilidad. Continuó observando, acompañando con la vista el movimiento preciso de los luchadores mientras todos, alternando, lograban entrar y salir del juego. De pronto, el relincho de un caballo aproximándose lo interrumpió todo. Como si hubiesen escuchado al mismo diablo, los hombres tomaron sus instrumentos y salieron corriendo, dejando en aquel lugar poco menos que una nube de polvo. Aterrado tras el árbol, Jonás vio llegar a dos hombres blancos, armados. Montados en sus caballos, rondaron el caserío y al no encontrar a nadie despierto desaparecieron nuevamente en la oscuridad. Al verlos partir, Jonás respiró profundamente y descansó.

A la mañana siguiente, aún soñoliento, se restregó los ojos dejando poco a poco penetrar la luz del sol. Entre el agotamiento y la confusión, escuchaba murmullos pero no lograba distinguirlos. Finalmente, sintió una fuerte mirada atravesándolo y espabiló. Era una niña de trencitas; lo observaba con ansias esperando que se levantara para poder jugar con él. A su lado estaba la madre que, con cara de susto y preocupación, parecía protegerlo de alguna cosa. Jonás se levantó del pie del árbol y miró a su alrededor. Allí, trabajando la tierra con las espaldas tostadas por el sol, estaban los hombres de calzas blancas. Jonás, ingenuo y ajeno a la realidad en la que se encontraba, contó a la señora que había llegado allí la noche anterior atraído por el sonido de un tambor y se había encontrado a esos mismos hombres cantando y danzando. La señora, con tono cómplice y condescendiente, respondió:
-Eso que hacen es Capoeira, hijo; lucha de liberación.

Minutos después Jonás sintió una mano en su hombro y una voz familiar que llamaba su nombre a lo lejos. ¿Otra vez soñando despierto Jonás? ¡Vamos a la cama a dormir!