Vivir al desnudo es una forma de despojarnos de las grandes mentiras que edifican nuestras vidas desde el día en que nacemos. Mentiras que se han convertido en falsas necesidades que marcan nuestra forma de desenvolvernos y nuestra capacidad de entender las principales interrogantes existenciales de cada ser humano, como ¿cuál es mi propósito o qué necesito para vivir feliz?
Las necesidades reales del ser humano al llegar al mundo son muy similares a las de los animales: alimento, abrigo y protección. Sin embargo, el humano cuenta con un atributo adicional que es su raciocinio, su capacidad de pensar, hablar y crear (es decir inventar) cosas tan buenas como nocivas o innecesarias. Aquí es donde nuestras necesidades se distorcionan.
"Según el filósofo ateniense Epicuro de Samos, los placeres y sufrimientos son consecuencia de la realización o impedimento de los apetitos. Epicuro distingue entre tres clases de apetitos, por tanto placeres:
- Los naturales y necesarios, como alimentarse, abrigo, y el sentido de seguridad, que son fáciles de satisfacer;
- Los naturales pero no necesarios, conversación amena, gratificación sexual.
- Los no naturales ni necesarios, la búsqueda del poder, la fama, el prestigio." *
Si analizamos las principales preocupaciones de la sociedad occidental de hoy en día guiándonos por los productos, servicios o información de mayor consumo, nos daremos cuenta de que nuestras vidas giran en torno a la satisfacción del segundo y tercer tipo de placeres o apetitos descritos anteriormente, especialmente del tercero, calificados como no naturales ni necesarios (lujos, vanidades, fanatismos, sexo, violencia, política, poder, etc.)
Vivir al desnudo no es despojarnos de todo lo que disfrutamos sino aprender a diferenciar entre lo real y lo innecesario. Es aprender a llevar una vida más equilibrada en la que valoremos y protejamos lo que verdaderamente necesitamos, como la naturaleza, la buena alimentación, el deporte, la esencia de las personas y nuestra capacidad de desarrollar relaciones sanas de tolerancia, confianza y compasión con el resto de los seres vivos que nos permitan vivir en un ambiente genuino y positivo, evitando el desgaste que nos provocan la crítica y la competencia.
Corrientes filosóficas orientales como el budismo también nos incentivan a vivir sin apegos, sin miedos. Y ese consejo tan común de "vivir el presente" no es más que eso. Es deshacernos de los miedos y los apegos para concentrarnos en satisfacer nuestras necesidades básicas y balancear nuestros placeres de una forma sana y sencilla, cada día. Es recordar lo bonito de nuestra naturaleza animal.
Natalie Gamero
*http://es.wikipedia.org/wiki/Epicure%C3%ADsmo