Reducirnos a amigos es esto:
Es dejar de escribir una historia para escribir un fragmento;
es convertir el futuro en pretérito imperfecto;
es reducir las caricias a saludos cordiales,
los besos a cuestión de dialecto;
es ver como el amor deja de ser argumento.
Reducirnos a amigos es extinguir nuestro incendio,
poniendo en su lugar un par de velas al viento;
es soltarnos las manos, resignarnos al recuerdo;
es enterrar los elefantes, los dibujos, los cuentos;
es olvidar que la remolacha sabe a lluvia y el aguacate a cielo.
Reducirnos a amigos, sin ninguna otra ambición, es suspirar sin anhelo.
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